28 oct. 2009

EL SILENCIO LOS HARA CÓMPLICES

LA COMPLICIDAD DE LAS COMUNIDADES JUDÍAS EN EL MUNDO



¿Qué hacer con lo que sucede en Gaza? Sin lugar a dudas nadie puede desconocer que la tragedia de Gaza no es nueva y que sus orígenes hunden las raíces en la creación misma del Estado de Israel con la expulsión de cientos de miles de palestinos de sus tierras. Sin embargo cada operación militar que el gobierno de Israel decide sobre la “franja” supone multiplicar el crimen a niveles inimaginables. Y mientras la masacre ocurre, un “silencio ensordecedor” nos carcome el alma. ¿Dónde están los dirigentes comunitarios judíos de todo el mundo ante el castigo colectivo que sufren los pobladores de Gaza? Pocas voces sueltas exclamamos que no queremos que se siga asesinando en nuestro nombre. Sin embargo, el stablishment judío mundial en su conjunto mantiene un silencio cómplice con el Genocidio palestino. Un “silencio sin retorno”.

Cuando sucedió la segunda invasión al Líbano, en julio de 2006, muchas voces judías se levantaron para gritar bien fuerte: ¡En nuestro nombre no! Quizás no fueron suficientes pero al menos han provocado alguna reacción en dirigentes y miembros comunitarios. A estas voces díscolas de las distintas comunidades judías del mundo se les acusó de traidoras, de renegadas, de antisemitas, incluso a muchos intelectuales judíos que alzaron su voz públicamente se les amenazó de muerte. Era inaceptable para la dirigencia judía que miembros de su rebaño gritaran a los cuatro vientos las atrocidades que cometía Israel contra las poblaciones libanesas y palestinas. Se posicionaron claro está, detrás del gobierno israelí en una actitud vergonzosa no solo para el judaísmo sino también para la humanidad. Justificaban lo injustificable haciendo propio el discurso de los máximos responsables de la masacre y mimetizándose con Olmert, Livni, Barack y compañía. Tras los primeros bombardeos en la Franja de Gaza el último sábado 27 de diciembre de 2008 las voces de repudio no se hicieron esperar. Voces llegadas de todos los rincones del globo, tanto de dirigentes políticos como de intelectuales variopintos. Nuevamente las voces díscolas de la comunidad judía volvieron a denunciar el crimen que Israel comete en Gaza contra los palestinos (léase, no es una lucha contra Hamás, sino, como bien explica Amira Hass en su columna en el diario israelí Haaretz, es un ataque a todo el pueblo palestino), pero esta vez los dirigentes de las comunidades judías decidieron mantener un silencio cómplice, vergonzante. Es posible que les duela esta nueva aventura guerrera, es posible que comiencen a ver la masacre del pueblo palestino como inaceptable, pero callan. Y cuando callan se transforman en cómplices por omisión. En 2006 por acción, cuando se encolumnaron ciegamente detrás del Estado israelí. Hoy por omisión cuando deciden mantenerse en silencio.

En la guerra del Líbano muchos optaron por acompañar a viva voz los crímenes de guerra contra las poblaciones libanesas que dejó un saldo de más de 1.100 muertos, en su mayoría civiles, entre los que se encontraban niños y mujeres (esto sin hablar de la destrucción de la infraestructura que sufrió el país de los “Cedros”). Y entre quienes estuvieron de acuerdo con la invasión y el ataque al Líbano se encuentran dirigentes tanto religiosos como laicos. Entre los primeros, aquellos que rezan en sus templos por el ejércitos de Israel, no tienen el valor suficiente para manifestarse públicamente y enviaban por el contrario a los dirigentes comunitarios, muchos de los cuales incluso se declaran ateos - ¿ateos bíblicos? - haciendo un fuerte lobby contra todos aquellos que nos opusimos públicamente. La campaña contra informativa entonces eran fundamental y los sitios alternativos de difusión de la palabra disidente eran claves para poder expresar y comunicar que no todos los judíos acompañaban al estado que hablaba en sus nombres. La situación en este comienzo del año 2009 se presume distinta. Hasta el momento la dirigencia comunitaria judía, al menos en Argentina, no se ha hecho escuchar tan fuertemente, aunque queda claro que apoyan a Israel aún cuando la masacre en Gaza es injustificable bajo todo punto de vista y análisis. Una de las instituciones que se han expresado en Buenos Aires es la Organización Sionista Argentina (OSA, por sus siglas en español), afirmando en un comunicado la solidaridad de todas las instituciones afiliadas con el Estado de Israel, aunque no se ha escuchado a dirigentes expresarse en voz alta. Sí se ha escuchado a los embajadores israelíes en los países occidentales. Repiten, todos ellos, el mismo argumento y rechazan cualquier acusación, aún cuando el crimen se está materializando a la vista de todo el mundo.

LA COMPLICIDAD DEL JUDAÍSMO ORGÁNICO

Una de las cuestiones centrales que atraviesa la problemática que suscita la existencia de Israel, es la conducta de las distintas comunidades judías en todo el mundo, las cuales no solo suscriben el discurso israelí sin someterlo a análisis y por lo tanto sin puntos de crítica posible, sino que se encolumnan detrás de la dirigencia israelí (tanto la política como la militar), aún cuando se estén defendiendo posturas indefendibles, como la destrucción del Líbano o la masacre palestina en una clara campaña de limpieza étnica que ya lleva más de 60 años. Salvo algunos grupos aislados como el Independent Jewish Voices de Canadá o la Unión de Judíos Franceses por la Paz, o intelectuales judíos críticos, lo que se podría denominar el establishment comunitario judío no solo no cuestiona un ápice la política israelí, sino que activan en un perfecto lobby orquestado por Israel contra los críticos.

Aún dentro de Israel suman sus voces distintas tendencias críticas al sometimiento del pueblo palestino como política de Estado, sin embargo esas voces son censuradas, amordazadas y acalladas muchas veces bajo un régimen de terror muy parecido a una dictadura. Basta comprobar como la prensa israelí esconde o solapa cualquier manifestación o repudio a la guerra de puertas adentro. En variadas ocasiones incluso se ningunea a los distintos grupos pacifistas o de derechos humanos, acusándolos de actuar bajo una “supuesta” política internacional de desprestigio hacia Israel orquestado por los países árabes, aún cuando los países árabes miren contemplativamente la masacre palestina en un claro guiño hacia el Estado de Israel.

Cuando uno pretende explicar a los dirigentes comunitarios judíos de fuera de Israel que mismo dentro del Estado autoproclamado judío, hay voces contrarias a la limpieza étnica, cierran sus ojos y sus oídos y repiten el verso de siempre: “odian a Israel”; “son parte de una campaña internacional para desprestigiar a Israel”; “se odian a si mismos y reniegan del judaísmo”; y la para fraseología ya conocida sigue. No comprenden que el “ser judío” nada tiene que ver con un Estado artificial (como cualquier estado nación) y que en todo caso ni todos los judíos (incluso provenientes del mundo religioso) apoyan al Estado ni todos son portadores de la ideología sionista. Pero quienes se encolumnan detrás del sionismo internacional, lo hacen pagados por el Estado de Israel para ejercer presión en cada país del globo a favor incluso de estas masacres. Actitudes que recuerdan en mucho los comportamientos de ciertos intelectuales argentinos que operaban en el exterior, pagados por la dictadura, para sostener que la Argentina de Videla y Massera era “derecha y humana”, aún cuando estaban haciendo desaparecer a miles de personas y las cárceles estaban llenas de presos políticos torturados.

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